Tras sus pasos

Luis Orione (1872-1940) nació en Pontecurone, Italia, el 23 de julio de 1872.

Con trece años, tras permanecer durante un año en un convento de Franciscanos, conoció a don Bosco del que fue alumno y amigo. “Nosotros seremos siempre amigos” le dijo en una ocasión don Bosco, y estas palabras se grabaron en su corazón y lo alentaron en los momentos de dificultad. Unos años más tarde, Orione reunía a jóvenes en su Oratorio y allí les enseñaba el catecismo. Con solo 21 años abrió el primer colegio para chicos sin recursos.

Poco tiempo después es ordenado sacerdote y abre casas de acogida y colegios en varias localidades italianas. Así surge la congregación Pequeña Obra de la Divina Providencia.

La inquietud de don Orione era salvar almas y sus preocupaciones, como los objetivos de su acción (pues era hombre de acción) eran muchas y todas de su tiempo: la libertad y la unidad de la Iglesia, la «cuestión romana», el modernismo, el socialismo, la cristianización de las masas obreras. Orione fue sin duda un hombre moderno, adelantado a su tiempo. No en vano una de sus expresiones más conocidas y que lo caracterizan “estar a la cabeza de los tiempos” se ha convertido en un verdadero lema y en un fuerte estímulo para la acción.

La familia Orionista es una única planta con muchas ramas: Hijos de la Divina Providencia, Ermitaños, Hermanas Misioneras de la Caridad, Hermanas adoratrices Sacramentinas invidentes, Contemplativas de Jesús Crucificado, asociaciones laicas: «Damas de la Divina Providencia», «Ex Alumnos», «Amigos», Instituto Secular Orionino y Movimiento Laical Orionino.

Entre sus obras más características están los «Pequeños Cottolengos», para los que sufren y los abandonados, surgidos en la periferia de las grandes ciudades. Creó además dos Santuarios para la Virgen, de la que desde niño fue muy devoto. Pero Don Orione tenía una alma evangelizadora misionera y no se limitó a Italia sino que salió fuera y llegó hasta Argentina, Uruguay, Gran Bretaña, Albania, y más tarde desde Brasil hasta Chile.

Falleció el 12 de marzo de 1940 mientras suspiraba: “¡Jesús, Jesús, Voy!”

El día 16 de mayo de 2004 el Papa Juan Pablo II canoniza a don Orione: “el loco de la caridad”.

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